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02 diciembre 2009

CASA DE CITAS



















- Hay como chicos mendigos saltando mi cerca mental, buscando aperturas, nidos, cosas para romper o robar.

- Alguien se maravillaba de que los gatos tuvieran dos agujeros en la piel, precisamente en el sitio de los ojos.

- - “Odio a los fantasmas”- dijo, y se notaba claramente por su tono que sólo después de haber pronunciado estas palabras comprendía su significado.

- Abrí la boca un poco más, así se notará que estás hablando.

- Me siento como si no fuera capaz de hablar más en la vida.

- Hablá en voz muy baja. Y sobre todo, recordá quién sos.

- ¿Y si me olvido?

- Entonces bramá.

- Estoy pensando que.

- No es verdad. Cosas desde la nada a ti confluyen.

- A lo lejos sonaba indistintamente la voz de una muchacha que cantaba canciones de su tiempo de muchacha.

- ¿En qué pensás mientras cantás?

- En que aquel sueño de ir en bicicleta a ver una cascada rodeada de hojas verdes no era para mí.

- Sólo querías ver el jardín.

- ¿Y ahora?

- Siento deseos de huir hacia un país más hospitalario y, al mismo tiempo, busco bajo mis ropas un puñal.

- Como vos, quisiera ser una cosa que no puede sentir el paso de los años.

- Supongo que el envejecimiento del rostro ha de ser una herida de espantoso cuchillo.

- La vida nos ha olvidado y lo malo que uno se muere de eso

- Sin embargo, cada vez nos va peor

- Entonces la vida no nos ha olvidado.

……………………………………….

Alejandra Pizarnik



07 diciembre 2008

LA CIBERNOVIA


















No estoy seguro, pero una sospecha
a mí me acecha cada vez peor;
hace ya un tiempo que algo diferente
se ve y se siente en el monitor.
No tengo pruebas orales ni escritas
pero palpita en mi corazón
más que una duda, casi la certeza
que en mi cabeza hay una hinchazón.
(Hay, sí, ay.)

Mi cibernovia me mete los cuernos;
no se me ocurre otra explicación.
Yo me di cuenta porque cuando hablamos
ya no me presta la misma atención:
ya no me escribe frases vistosas
y se equivoca en la puntuación
y si la apuro, dice que hay problemas
y que se va a cortar la conexión.
Mi cibernovia, mi cibernovia,
es más que obvia su sórdida traición.
Mi cibernovia, mi cibernovia
está destruyendo mi cibercorazón.

Mi cibernovia me mete los cuernos
y tengo idea de con quién será:
es ese tipo que siempre se pone
distinto nombre cuando entra en el chat.
Cómo demora para contestarme,
siendo que antes era tan veloz.
Seguro tiene otra ventana
y está de parla con ese chavón.
(Sí, es él, estoy seguro.)

Yo que tenía tantas esperanzas
tanta confianza en este amor virtual,
libre de todas las complicaciones
que se presentan en la realidad,
ahora me encuentro con que en este ambiente
también se cuece la infidelidad,
y ni siquiera puedo ir con un caño
a sorprenderlos en su intimidad.
Mi cibernovia.. yo que tenía
el disco duro ardiente de frenesí..
sofisticada tecnología:
ahora mis cuernos son de treinta y dos bits.
Mi cibernovia, mi cibernovia,
qué desazón, que atropello a la virtud;
mi cibernovia, mi cibernovia,
en cualquier momento la saco del menú.

Leo Maslíah



07 septiembre 2008

LUNES OTRA VEZ : AGUARDE

Cuando uno llama a un lugar, pregunta por alguien o por algo, y un/una telefonista le dice que "aguarde" una cierta cantidad, determinada o indeterminada, de tiempo, o que "aguarde" a secas, uno no tiene que creer que se le está diciendo que espere. La palabra "aguarde" en este tipo de contextos, tiene otros significados. Acá va una lista de las cosas que puede querer decir, en lugar de "espere":


1. No espere nada de mí.

2. Cuando yo vuelva a hablar con usted, no me voy a acordar de lo que acaba de preguntarme.

3. La persona con la que usted quiere hablar no tiene interés en atenderlo.

4. Hágase la ilusión de que mientras usted espera yo voy a averiguar algo que me pregunta; el hecho de ver luego destruida su ilusión es algo muy placentero para mi.

5. No puedo ser molestado por más tiempo que el que usted empleó para hacerme esa pregunta, así que ahora quédese con la musiquita hasta que yo responda.

6. Con esa pregunta ya me molestó bastante; ni sueñe con que me voy a molestar a mí mismo tratando de conseguirle una contestación.

7. A mis superiores les molesta que usted llame y pregunte cosas; y a mí, que entré en esta empresa con el afán de progresar y acceder a puestos superiores, también empieza a molestarme.

8. Mis superiores no me pusieron a atender el teléfono para dar respuestas a sus preguntas, sino para evitar que usted acceda a hablar con ellos.

9. En relación a lo que usted me pregunta no pienso hacer nada más que lo estrictamente necesario para conservar mi puesto.

10. En relación a lo que usted me pregunta no pienso hacer nada.

11. Este es un servicio de atención al cliente en abstracto, al cliente genérico formado por el conjunto de clientela que paga nuestros sueldos. Pero no tenemos nada que decirle a un cliente específico e insignificante como usted, cuyo aporte a nuestros ingresos es despreciable y no merece de nuestra parte ninguna consideración.

12. Si llama para reclamar por algo o para protestar, es porque no es un cliente típico de nuestra compañía, ya que no se traga nuestra publicidad y no cree en las mentiras de las que tratamos de convencerlo. Así que no hay nada en que lo podamos ayudar, ya que nosotros no trabajamos para usted, sino para el resto de la masa que todavía cree en nosotros. En el momento en que uno deja de creer, es sustituido por otro que creyó en nuestra publicidad,¡ y justamente acaba de llamar para abonarse a nuestros servicios!.



L.Maslíah "Cuentos impensados" (se nota que me compré el libro??)


30 julio 2008

PERO YO TE QUIERO IGUAL!

GIRO SENTIMENTAL

Hola, cómo estás. No esperaba encontrarte acá. Pero bueno, me alegra que hayas venido. Siempre tuve...una cierta simpatía por vos. Y podría tener más, si fueras un poco más simpática. El problema creo que está en tu boca. Sí, a ver, estirate el labio de abajo un poquito para la derecha. Ahí está. Una grampa por favor. Sí, ahí. Traten de fijarla bien. A ver, sonreíte. Sí, no está mal. Pero el labio de arriba esta muy grueso, rebajale un par de milímetros. No, tanto no, animal. Bueno, ponele un poco de cortisona. A ver, sonreíte. Fenómeno. Ahora levantá un poco la cabeza. Mucha pera, tenés. Tomá, pasate un poco de esto, vas a ver cómo te redondea. Después ponete crema, ¿sabés? Si no se te irrita. A ver, mirame. Tapate los ojos. Si, ¿ves? Ahora tenés una sonrisa interesante. Ta, podés cerrar la boca. Ponete de perfil que te quiero ver el largo de la nariz. Mmmm. Tomá, colocate esto, que te mide la profundidad de las narinas. Bárbaro. Te vas a tener que rebanar toda la parte de afuera del cartílago. Ahí va. Dale un poco más. Perfecto. Ahora dale un empujoncito al tabique. A ver de frente. Justo. Ahí. Sacate el pelo de la boca que no te veo bien. Che ¿a vos no te sobra un pómulo? Ah, no, está bien. Pero apretate el de la derecha un poco para adentro. El otro también, si no quedás muy chupada. Ahí está bien. Genial. Así me estas empezando a gustar. No mucho, pero...Mirá para allá, ¿a ver? Tomá, masticá este chicle que quiero ver cómo te queda la cara en movimiento. ¿Sabés que estás mal sentada? No, así no, ponete más en el borde. Juntá las piernas. Vas a tener que hacerte un injerto acá, porque no se te juntan del todo. Por ahí va bien. Che, qué caderas que tenés. Me parece que estoy sintiendo algo. Ah, no, creo que me equivoqué; hay que subirte un poco más la nariz. Pero no te la tuerzas. Servite, esto es para que te peles las cejas. Ahora dejátelas crecer pero hasta la mitá, nada más. No, te pasaste, retrocedé. Ahí, ahí está bien. Que mona. A ver ahora las orejas. Están bien, tenés lindos pabellones; hay que correrlos un poquito, nada más. Tomá, mirate en el espejo. ¿Tas quedando no? Creo que estoy sintiendo algo por vos, aunque todavía no sé qué es. Vení, acercate. No, tanto no, bestia. Dejame ver...date vuelta. Vas a tener que raparte, para poder poner este suplemento. Sabés que... estoy empezando a gustar de vos. Es extraño, nunca había sentido esto. Subí los brazos. Bajalos. No, hay algo mal, tienen que llegar hasta acá. Ah, no, es un problema de dedos, me parece. Tomá, probate éste. ¿Te queda cómodo? A ver, cerrá la mano. ¿Está bien? Bueno, recogete el pelo que te quiero analizar el cuello. Ah, no, no, esto está todo mal. Agachate. Vas a sentir un pequeño dolor, pero no te asustes que no es nada. Ahí está, perfecto. Se te notaba demasiado la yugular. Ahora dejate el cerquillo. Arrimate. Mordé, a ver. Cruzá los dientes que te tengo que ajustar el paladar. Ahí va, ¿ves? Ahora es otra cosa. ¿Sabés que me gustás mucho? Ah, no, esperá, quedate un poco quieta que se te torció el codo. Ponelo a ciento ochenta grados y tenelo así un ratito. Estoy un poco...confundido; creo que te amo. ¿A ver? No, todavía no. Siento algo pero creo que no es amor. Te quiero como amiga. Tomá, quemate esa verruga. No el lunar dejateló. No, mejor pasátelo para el otro lado. Mirame. Qué divina. ¿Qué tenés que hacer hoy de noche? No, esperá, te falta lijarte las rodillas. Te conviene doblarlas, así te das cuentas mejor. Bueno, está bien. Ahora tratá de adelgazar. De acá, sobre todo. Seguí. Dale un poco más. Creo que me estoy enamorando. ¿A ver? Mirame. Lástima tu color de ojos, pero no te los cambies, porque ya no serías vos. Yo te prefiero así, como sos.

Leo Masliah

04 mayo 2008

Fundación de la belleza


Están allí, pintadas en las paredes y en los techos de las cavernas.
Estas figuras, bisontes, alces,osos, caballos, águilas, mujeres, hombres, no tienen edad. Han nacido hace miles y miles de años,pero nacen de nuevo cada vez que alguien las mira.
¿Cómo pudieron ellos, nuestros remotos abuelos,pintar de tan delicada manera?¿ Cómo pudieron ellos, esos brutos que a mano limpia peleaban contra las bestias, crear figuras tan llenas de gracia?¿Cómo pudieron ellos dibujar esas líneas volanderas que escapan de la roca y se van al aire? ¿ Cómo pudieron ellos..........? ¿ O eran ellas?

E.Galeano "Espejos"

Foto: www.banksy.com.uk

31 marzo 2008

Hola Casandrita! Arriba el ánimo


"Quien nombra, llama. Y alguien acude, sin cita previa,
sin explicaciones, al lugar donde su nombre,
dicho o pensado, lo está llamando.
Cuando esto ocurre, uno tiene el derecho de creer
que nadie se va del todo, mientras no muera
la palabra que llamando, llameando, lo trae!


E.Galeano

18 marzo 2008

releyendo a Cortázar - Rayuela

Pero el amor,esa palabra...... aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas ylos autobuses) , me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua.

Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura.

Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdoname........

14 marzo 2008

Los ojos en el verde. El viaje I





....Más que el monte era el campo lo que le gustaba ahora.
Estaquearse en la solana infinita, mirando las nubes que a veces le cruzaban sobre los ojos semicerrados una sombra caminadora..........




Abrir y cerrar de golpe los ojos para que le quedara entre frente y nuca una como flor de cardo, roja, y temblante.

El monte se solía poner frío y él ya empezaba a envejecer.




El campo era de gramillas firmes. Él, se extendía en él, con los brazos y las piernas abiertos. El sol le besaba la cara áspera, de barba casi blanca.








Lejísimo, en el fondo mismo del cielo, bien redondo, un punto negro. Un cuervo estaqueado como él o una estrella negra, que en vez de lucir de noche como las otras, lucía de día.





Una mañana lo levantaron, definitivamente extendido.
Sobre su reposo había amanecido y anochecido. Había llovido y habían cruzado solanas de miel.

Donde estuvo él, el campito había quedado amarillo. El extendido potrero lucía una mariposa amarilla tatuada en el verde total del gramillal.


Juan José Morosoli.
Andrada.

18 febrero 2008

HELIOGÁBALO.......

Es una gran ventaja tener una amante que se llame igual que la mujer de uno, porque así, si uno la nombra dormido, su mujer no sospechará nada, y hasta se dará por aludida, estrechando al esposo entre sus brazos bajo las cálidas sábanas conyugales y dirá “qué, mi amor, qué”.

El problema es que mi esposa se llama Hermelinda, y ni entre las pocas mujeres que además de ella alguna vez me dieron bola, ni entre las muchas que no, hubo nunca ninguna que portara ése como nombre, ni como segundo nombre, y menos como apodo, y por supuesto tampoco como apellido.

Pero al promediar la crisis de los treinta años, en uno de esos días en que la compulsión a probar nuevas carnes me parecía cuestión de vida o muerte, cacé la guía telefónica y no paré de leerla hasta encontrar una abonada con el nombre de mi esposa.

Empecé a discar su número y estaba dispuesto a sorprenderla con una declaración de amor cuando mi visión periférica detectó, al costado de las cifras sobre las que yo fijaba mi atención, una pequeña anormalidad. Corriendo un poco la mirada observé que, en mi entusiasmo, había leído mal: la abonada no se llamaba Hermelinda, sino Hermenegilda. Mi primera reacción fue colgar el tubo, pero enseguida recapacité, considerando que si yo mientras dormía pronunciaba el nombre “Hermenegilda”, mi mujer no podría sospechar nada, y atribuiría la variación en el nombre a los tan comunes procesos de elaboración onírica que uno puede rastrear hasta en los sueños de las mejores familias.

Así pues, llamé a esa tal Hermenegilda y tuve la suerte de encontrarla. Inventé una historia acerca de que yo era su admirador secreto, que la había visto muchas veces por su barrio (en la guía telefónica, por supuesto, estaba su dirección) pero que nunca me había animado a hablarle, etcétera. Ella me creyó. Con cierta reticencia de su parte al principio, logré que concertáramos una cita. Nos encontramos al día siguiente en un bar, que quedaba lejos tanto de su casa como de la mía. Por supuesto, yo no tenía –antes de verla- la más remota idea de su apariencia física, pero lo que hice fue llegar temprano al bar, sentarme cerca de la puerta y decir “Hermenegilda” a toda mujer que viera entrar sola. En dos o tres casos lamenté que no se llamaran así, pero también me salvé de unas cuantas. Hubo una cuyo aspecto era tan asqueante que casi me inhibió de pronunciar el nombre, pero tuve que hacerlo porque si ésa llegaba a ser Hermenegilda y yo seguía llamando así a otras que fueran llegando después, se me armaba la gorda.

Bastante gordita resultó ser la verdadera Hermenegilda, pero la amplitud de sus caderas y su número de corpiño la hacían todavía deseable pese a estar al borde de la tercera edad.

Modestia aparte, tengo que decir que yo le gusté. Nos fuimos pronto del bar y ese día se inició un caluroso romance. Pero al despedirnos ella me informó de cierta circunstancia que dificultaría el vernos con demasiada frecuencia: era casada. Yo le confesé que eso me tomaba por sorpresa, ya que al ver el número del teléfono a su nombre la había dado por soltera, viuda o divorciada.

-Es que la casa es mía. Yo siempre viví ahí –dijo ella-. José, mi marido, es un tipo que nunca tuvo donde caerse muerto.

A través de nuestros sucesivos encuentros me fui enterando de que el marido de Hermenegilda, según ella, sólo la quería por su dinero. La vida sexual de la pareja había durado menos que su luna de miel. Y conmigo ella se desquitaba de lo lindo. Hasta que una vez se abrió la puerta de nuestro cuarto de hotel, y entró José con un equipo de fotógrafos y técnicos en grabaciones de video.

-Te pesqué, ramera –dijo-. Ahora tengo las pruebas que necesito para pedir el divorcio y quedarme con la mitad de tus bienes.

-Pero...-balbuceó Hermenegilda- ... ¿Cómo supiste de...nosotros?

-Entré en sospechas y decidí seguirte querida –contestó José-. Hace varias noches que cuando duermes pronuncias un nombre que no es el mío.

Efectivamente, yo no me llamo José, como él. Mi nombre es Heliogábalo.

L.Masliah