Y que no te acuerdes
y que la duda se burle así
tan impune
sin que tu voz encierre un adiós.
No hay horario para trenes
para historias de mudanza
ni fidelidad en los ojos
que miran por mirar.
Ya no sostienen consuelos
los miedos y las quejas
una razón: melancolía
y este intento por justificar
el triste final.