10 julio 2010

La mujer de cal







Foto: Ana Ventura.


Era un hombre que se hallaba solo
como tanta gente suele estar.

Siempre en aquel bar se acomodaba
y si la lengua en el alcohol le naufragaba
a veces le contaba a los amigos
de una mujer que no olvidó.

Una noche que estaba bien borracho
arrimaron su mesa a la pared
pusieron una silla al otro lado
pintaron en la cal una mujer
le dijeron alguien vino a visitarte
y dice que hace tiempo no se ven.

Lo sentaron en la silla y frente a él
le sonrió el dibujo en la pared.
El hombre se puso tan contento
miraba la figura sin aliento
ya ves quien lo diría balbuceaba
vos buscando y yo sólo soñar.

Y habló y habló toda la noche
de los sueños y de cuanto la esperó.
Poco a poco el bar se fue vaciando
y se oía siempre a ellos conversando
los amigos se marcharon sin saber
si acaso hicieron bien o hicieron mal.

Traía su luz tibia la mañana
y acodado en el mostrador
el dueño del boliche dormitaba
cuando despertó y los vio pasar
ella iba quitándose del hombro
las últimas cáscaras de cal.


Yo soy una mina peligrosa, no sé lo que quiero, y cuando lo sé, hago lo imposible por no llegar a conseguirlo. Pasional, y no soy tango, cantora, de vez en vez. Tengo edad para dejar de preocuparme por las cosas que se caen, como las hojas de los árboles y los suicidas de las azoteas. Tengo tatuajes y cicatrices para recordar la ruta de regreso. Alguna vez me sentí en la cima del mundo y otras mujer de cal. Merezco el sueño y los desvelos en igual proporción. Junto cascaritas de naranja para el mate de la tarde, me acurruco con palabras en invierno y descanso nu en una nube de verano. Renuncio que me enseñes a jugar al ajedrez, y me lleves el café con leche a la cama, sin embargo, acepto acuerdos en el juego del silencio y un buen café con crema a las cinco de la tarde o a más tardar la seis.

Todavía espero que me regales flores, pintarme los labios de rojo frutilla - y no devorarlo a lengüetazos- usar tacos bien altos, sacar la mejor nota en mi guitarra, ser la última de la fila, y el beso eterno de un abrazo. Me río a la mañana, a la tarde sonrío, y a la noche aún quedan restos del dibujo en mi boca. Vos, las puertas, los faros, la luna, la noche, y el lunar que llevo en la mejilla tienen que ver conmigo. Los amarillos, los azules, y las últimas cascaras de cal tienen que ver conmigo.