
Sola en la noche, intento disimular el impulso de abrir la ventana y robar las luces del aeropuerto; me detengo a tiempo con ojos de cordero degollado frente al vidrio frío, húmedo y al momento, un nudo imposible de tragar, aparece como por arte de magia preservandome del salto y del grito.
Mi vida entre nudos, tiene alma de marinera extraviada, sé hacer un único nudo, no sé nadar y los salvavidas no se inflan cuando mojo los pies en este rio como mar.
Encontrar un motivo, un lugar donde estar, significa no huir por ninguna tangente ni cotangente, ni secarme con cosecante alternativa, no huir del misterio de una siesta azul que despierta en mitad de la noche.
El juego no termina cuando se quiere, y no sirven las mareas ni las alas, ni siquiera de aviones, para que vuele en una nube con forma de torre, de camino o de hoja inapresable, no sirve herir las lágrimas de ambigua tristeza, caer en la sombra o en la esperanza indiferente de los pensamientos.
Bajo la noche sigo caminando hacia el delirio de creer que lo vivido existe, para morir sin palabras.